Desviadas y perversas llamas: impresiones de ‘Danza de dragones’

danyylosdemásdanzaatalaya

Juego de tronos siempre ha sabido, a través de sus cuatro temporadas, emplazar al espectador para el famoso noveno capítulo. Dan Weiss y David Benioff, con inteligencia y mesura -la mayoría de las veces- han ido guardando sus cartas para presentar al televidente una sacudida emocional de cara al final. Unas veces con más acierto, otras tantas -como la que nos atañe-, con menos. Danza de dragones no es un mal episodio, ni mucho menos, pero no funciona tan bien como clímax ni como catalizador o ejemplo vivo de algunos de los momentos más recreados y venerados por los lectores de Canción de hielo y fuego. Spoilers.

Valorándola como un producto audiovisual para grandes audiencias,  lo cierto es que HBO ha sabido colocar el universo de George R.R. Martin en el lugar que le corresponde. Sus showrunners, Dan Weiss y David Benioff han sido unos más que notables tutores y valedores de una saga literaria fantástica, que hasta hace bien poco, había sido considerada como imposible e inadaptable. Era algo lógico: los libros están plagados de decenas de tramas que se entremezclan y desembocan a su vez -y por separado- en otras, mientras cientos de personajes amorales, grises, complejos y tridimensionales, se dan cita en lugares que se nos escapan a muchos de la imaginación. Por tamaño y escala, Canción de hielo y fuego parecía el reto más grande a nivel de adaptación jamás visto -siempre con el permiso de El Señor de los Anillos pese a que hablamos de dos productos literarios diferentes y equidistantes-. Y entonces, llegaron ellos. Weiss y Benioff presentaron un proyecto tangible, creíble y bien formado, que convenció al mismo Martin. El resto, como se suele decir en estos casos, es historia.

Juego de tronos es una serie estupenda. Sin más rodeos, dobleces ni medias tintas. La producción de HBO ha sabido mantener un nivel excelso durante su cada vez más abultado metraje a través de cinco temporadas, regalándonos minutos de puro oro televisivo. Ha tenido momentos increíblemente lúcidos, pasajes idénticos a sus homólogos en papel y tinta y decenas de cambios, giros y rodeos loables en su traslación a la pantalla. Sus méritos están a la vista y el alcance de todos, y creo que nunca está de más agradecerlos, aplaudirlos o recordarlos. Weiss y Benioff, junto a otros guionistas incluso más capaces como Bryan Cogman, han conseguido plasmar un universo rico y muy enrevesado de forma clara y prístina para que millones de espectadores disfruten de ello sin necesidad de acercarse a los libros originales. No es es moco de pavo.

jonnieveatalayadanza

Durante sus cinco temporadas, durante sus más de cincuenta horas de televisión -a la espera del capítulo final de esta quinta tanda de episodios-, se han sopesado los pros y los contras de la adaptación. Los puntos afirmativos, beneficiosos, de las decisiones tomadas por Dan Weiss y David Benioff han salido airosos, quizás vencedores, a sus controvertidas decisiones y sus pocos recomendables cambios. En diversas ocasiones, y en numerosos episodios o arcos argumentales, Juego de tronos ha sufrido como producto televisivo y adaptación, sus propios juicios personales a nivel de caracteres, personajes y situaciones. Era algo a lo que estábamos acostumbrados como espectadores y aficionados, pues aunque cueste decirlo -sobre todo cuando se ha disfrutado de las novelas de Canción de hielo y fuego- muchas de ellas eran dulces disyuntivas que favorecían el ritmo, la narración o la evolución de los roles principales involucrados en la historia.

El noveno episodio de la quinta temporada, Danza de dragones, recibe el título de uno de los eventos más sangrientos, complejos e importantes jamás transcurridos en la faz de Poniente. Por si fuera poco todo este preludio histórico que reside en su poético epígrafe, Danza de dragones también sirve de nombre para el hasta la fecha, último libro publicado por George R.R. Martin. Una novela en la que residen algunos de los más icónicos, aplaudidos y laureados momentos de toda la saga fantástica nacida del puño y letra del autor ganador del premio Hugo. Para que os hagáis una idea de hasta qué punto hablamos de un efigie importante para el imaginario colectivo de los ávidos lectores de Poniente, queridos no lectores, debéis pasaros y deleitaros por las numerosas ilustraciones que coronan y cubren algunas de las diferentes ediciones de la novela publicadas a lo largo del globo. Sin ir más lejos en España, el reputado ilustrador y dibujante Enrique Corominas, se encargó de dar vida al representativo momento sobre el que pivota el clímax de ese pantagruélico tomo de más de mil páginas.

danza-de-dragones

Juego de tronos siempre ha sido una serie que ha sabido manejarse en tempos narrativos de cara al espectador, ofreciéndole momentos épicos, intimistas y polarizantes en decenas de episodios. Siempre se ha caracterizado por no necesitar de artimañas, trucos o trampas para sacudir a sus audiencias. Es una serie muy madura en este aspecto, capaz de rivalizar con algunas de las más grandes producciones televisivas de todos los tiempos -casualmente, y si nos ponemos a sacar la lupa o la lista de admitidos ese hipotético Panteón, quizás sean todos los susodichos también procedentes y productos de HBO-. Sus novenos episodios, sus famosos capítulos nueve, siempre han supuesto un hito histórico. Reunían algunos de los ingredientes más importantes de la serie, y los condensaban bajo una presentación generalmente, inmejorable. Para muestra y recuerdo, tenemos Las lluvias de Castamere, Aguasnegras o Baelor.

Danza de dragones, funciona bien en estos parámetros, con secuencias arrolladoras y algún que otro momento inspirado. Pero no es capaz de aguantarle el tipo, ni encajar del todo bien como clímax para algunas de las historias presentes en el episodio. Parece más un capítulo de la medianía de una temporada, que de un broche de cara a la traca final de esta quinta temporada. Danza de dragones se prometía a nivel técnico, narrativo y dramático, casi igual de importante que Casa Austera, añadiéndole el considerable morbo de la draconiana aparición en Meereen por la que llevamos suspirando años. Desgraciadamente, hablamos de un episodio irregular, contenedor de lo mejor y lo peor de la serie, muestra inequívoca de como os narrábamos en anteriores entradas, hay veces en las que es difícil compartir el punto de vista de los showrunners sobre su adaptación.

El episodio arranca con fuerza, llevándonos directamente al maltrecho campamento de Stannis BaratheonStephen Dillane-. La nieve está causando verdaderos estragos en su avance hacia Invernalia, y por doquier, tenemos soldados que desertan o acaban abandonando al legítimo rey de Poniente. Una atribulada Melisandre –Carice Van Houten– reside en la intimidad de su tienda observando concienzudamente el incandescente fuego de su caldero. A fuera, y en mitad de la ventisca, los asentamientos comienzan a arder entre el caos y la desorganización del ejército del astado del corazón llameante. Los hombres de Ramsay Bolton –Iwan Rheon– han logrado escabullir la maltrecha seguridad del ejército de Stannis, y han prendido fuego a sus reservas, caballos y víveres. La situación es muy delicada. Esto, que podría ser un aliciente para acrecentar el liderazgo de Stannis Baratheon en tiempos difíciles -algo por lo que siempre se ha caracterizado el complicado personaje de George R.R. Martin-, es dirigido hacia una desdeñable y despreciable secuencia dramática que comentamos más adelante.

Ante el delicado acantonamiento del ejército, que debe luchar contra los elementos y unos norteños -los Bolton- que conocen cada palmo del terreno sobre el que combaten, Stannis llama a Ser Davos Seaworth -Liam Cunningham- a su tienda de campaña en mitad de la nieve, encomendándole una misión de urgencia. El caballero de la cebolla tendrá que ir raudo y veloz al Castillo Negro volviendo sobre sus pasos, para reclamar ayuda, soporte y víveres a la Guardia de la Noche. Davos accede -no sin advertir de forma velada a su rey que en el fondo, siempre ha llevado razón en estas lindes-, pero antes, en uno de sus conocidos arrebatos de sinceridad, vuelve a insistir: quiere llevarse a Shireen y Selyse consigo. Ya comentamos con anterioridad y en varias entradas y artículos pasados, la extraña decisión de Weiss y Benioff de hacer que Stannis Baratheon, un hombre que no suele arriesgar demasiado en sus decisiones, llevase a su familia directamente al campo de batalla. Ahora comprenderemos el taimado, y a la postre incomprensible, motivo que han urdido desde la sala de guionistas de la serie.

shireendavosdanza

Mientras se prepara para partir hacia su nuevo encargo -Seaworth siempre ha sido un instrumento capaz y eficiente de cara a los encargos de Stannis-, Davos visita las dependencias de la princesa Shireen. La pequeña Shireen Baratheon -Kerry Ingram- se encuentra leyendo un enorme y vetusto tomo: La danza de dragones, escrito por el archimaestre Munkun. Davos no se sorprende de ver a la primogénita de Stannis inmiscuida en las páginas de un libro, y en una emotiva secuencia, aprovecha para darle las gracias por todo lo que ha hecho por él. Gracias por convertirme en un adulto dice Ser Davos mientras le entrega un precioso venado tallado en madera.

La relación entre ambos personajes en la serie, más cuidada, delicada y profunda que en las novelas de Martin -HBO ha sabido estrujar al máximo dos roles muy queridos-, sirve de preludio y conexión sentimental para la mal planificada y desabrida secuencia que viene a continuación. Stannis, pocos minutos después, mantiene una conversación con su hija. El padre que movió cielo y tierra para salvarla del mal de la psoriagrís -como vimos apenas unos episodios atrás-, comenta y debate con su hija hasta qué punto está identificada con su casa. Hasta qué punto estaría dispuesta a apoyar a su padre. Hasta qué punto sería capaz de sacrificarse por la causa mayor que representan Stannis y los suyos. Shireen confía en su padre. Sabe que en el fondo siempre ha sido su único valedor, pese a su equidistante cariño. Ella es su princesa.

melisandrefuegoatalaya

Bajo una intensa nevada, y en mitad del frío paraje sobre el que se asienta el campamento de las tropas Baratheon, Shireen es acompañada entre interminables filas de soldados y mercenarios a las órdenes de Stannis. La joven princesa desconoce lo que sucederá a continuación, como sus quejidos y llantos dejarán claro a todos los asistentes. Melisandre ha conseguido convencer al férreo Stannis Baratheon, accediendo el último sin duda alguna a sacrificarla bajo las llamas purificadoras de R´hllor. Es la única manera, apostilló la sacerdotisa roja en su día. Armada con una antorcha, y ante la atenta mirada de su padre, encadenan a la pequeña a una pira que comienza a crepitar entre sus gritos de desesperación. Selyse Florent, esposa y consorte de Stannis, intenta convencerse de que es la única manera. Intenta usar la religión como coraza y pretexto ante el truculento asesinato que están practicando en pos de una supuesta causa mayor -no obstante, HBO siempre la ha presentado como una verdadera fanática religiosa, algo que encaja con su descripción y papel en la saga literaria de George R.R. Martin-. Coraza de fervor espiritual que se deshace de un plumazo cuando comienzan a aumentar los alaridos de terror de Shireen, cuyas lágrimas caen y se evaporan por su endurecida y agrietada mejilla, que arde ante la pasividad y atenta mirada de su padre.

La dramática secuencia en teoría, intenta sacudir al espectador desde dentro, arrebatándole a uno de los personajes más queridos en manos, precisamente, de uno de los más odiados e incomprendidos. La génesis de los hechos ocurridos en pantalla, deja mucho que desear, primero porque no es coherente con el tratamiento ofrecido y dado al personaje de Stannis Baratheon durante la cuarta y quinta temporada, y segundo, porque interfiere de manera directa con su homólogo literario -algo a lo que ya estamos acostumbrados, pero no de esta manera ni en estos términos tan bruscos-.

¿Tomaría Stannis una decisión así en la serie? No, pues entraría en conflicto con respecto sus últimas acciones. ¿Y en las novelas? Creemos que tampoco. Weiss y Benioff siempre se han caracterizado por tomar de forma equívoca y un tanto maniqueista, el papel de Stannis en la serie. Durante los eventos de la segunda temporada, el heredero al Trono de Hierro y hermano de Robert Baratheon, recibió un tratamiento cercano al del villano típico. Sus motivaciones no estaban claras, y parecía más un fanático obsesionado con el poder que el hombre excesivamente justo que todos habíamos leído y asimilado página tras página. Tras la catarsis de su derrota en la bahía del Aguasnegras, ambos showrunners comenzaron a perfilar las múltiples aristas del rol, adecuándolo más a lo que debería ser en forma y fondo, Stannis Baratheon como personaje.

stannisselysefuegoatalaya

El trabajo realizado a lo largo de las diversas tandas de episodios -y cimentado en parte por la compleja y bien avenida relación que mantenía con su fiel Mano del rey, Davos Seaworth-, culminó con el final de la cuarta temporada, siendo extensible también a los primeros capítulos de la presente estación. Stannis Baratheon era presentado como un noble justo -quizás excesivo-, cuya legitimidad al trono era tangible, real y sobre todo, plausible. Pero había mucho más allá de sus aspiraciones hereditarias o conquistadoras. Dentro de un significado más profundo, la causa de Stannis era mayor: la lucha de la luz contra la oscuridad. Así lo demuestra cuando acude al Muro o apostilla sus defensas y ejércitos en los terrenos norteños o insta a personajes como Samwell Tarly a que sigan leyendo y preparándose de cara al duro invierno que llama a la puerta de los Siete Reinos de Poniente.

Dejando el estadismo implícito en sus acciones, parecía que Weiss y Benioff habían aprovechado su llegada a las tierras del Norte para acrecentar, dinamizar y ampliar su faceta humana. Todos sabemos que Stannis no es un hombre de demasiadas palabras, pero en su dicotomía con Davos o incluso con Jon en esta quinta temporada, se había demostrado que había algo debajo de su pétreo rostro. Es más: ambos guionistas se permitieron el lujo de aumentar y profundizar muchísimo en su relación con su hija, Shireen -en una de las secuencias más preciosas y bien escritas de la temporada, y ahora, completamente inservible y baladí-. En aquel lúcido diálogo en las dependencias del Castillo Negro, Stannis recapitulaba y se entregaba en cuerpo y alma a su hija, narrándole los esfuerzos y sacrificios realizados para salvarla del mal de la psoriagrís luego de que un mercader le vendiese una muñeca infectada con la enfermedad. Eran unas líneas que demostraban el fervor por su heredera, al que él mismo, consideraba como valía y sucesora de su legítima causa en caso de fallecer en su pugna por el trono de espadas.

Es precisamente esta contradicción la que consigue que el sacrifico de Shireen por orden y rúbrica de Stannis Baratheon en Danza de dragones, acabe convirtiéndose en una treta de guión poco coherente y aberrante. Una manera forzada de intentar buscar el golpe dramático y canónico del episodio noveno. Un intento fallido de emular por parte de ambos escritores las complejidades psicológicas inherentes de los protagonistas de la Canción de hielo y fuego de George R.R. Martin. De imitar pobremente el complejo y taimado mundo en el que viven sus personajes. No existen alicientes ni efectos colaterales que puedan llegar a justificar semejante afrenta, ni en la situación desesperada en la que vive Stannis actualmente como líder y general. Weiss y Benioff, acaban jugando con fuego, y acaban cayendo en la trampa de los manidos guiones en los que encontramos buenos y malos.

stannisllamasatalaya

¿A qué viene un cambio de decisión tan rápido y forzado? ¿No hablamos del obstinado, cabezón y consecuente Stannis Baratheon? ¿Por qué utilizar semejante recurso teniendo ingredientes más plausibles -Melisandre y Selyse- para desencadenar tamaña y trágica resolución? Ambos guionistas se escudan en una conversación mantenida con Martin, en la que el autor de las novelas, les comentó la idea acerca de la posible pérdida de Shireen entre las llamas redentoras de Melisandre en el Castillo Negro. Pero la situación en los libros en bien distinta -Stannis está a cientos de millas de distancia- y el motivo de esa hipotética pira, es diferente al que aluden desde la pareja de escritores de Juego de tronos. El contexto en serie y novela difiere, y por lo tanto, no hablamos de elementos ni posibles pasajes equivalentes. ¿Habría funcionado un recurso similar con una desesperación previa y enajenada, a lo largo de sendos episodios en los que viéramos una evidente degradación psíquica e interior por verse obligado a tomar las consecuencias y responsabilidades de un juicio así? ¿De veras creéis que un Stannis Baratheon desesperado y atascado en la nieve sería capaz de calmar los vientos, ventiscas y nevadas con la sangre de su primogénita? No es una cuestión de deber, Weiss o Benioff. Lo dudamos muchísimo, pero al menos, habría encajado de forma más lógica con los términos en los que el argumento de la serie se desarrolla paulatinamente.

Tanto Benioff como Weiss han querido justificar por su parte -en unas declaraciones exclusivas a Entertainment Weekly– el hecho de que Stannis lleva aniquilando y quemando a numerosos infieles y disidentes desde la segunda temporada. Y sí, es cierto -a medias, porque jamás se ve directamente al del estado llameante en esas vicisitudes-. En la versión de HBO de la historia y del personaje, recalcamos, siempre ha parecido un villano con aspiraciones al trono. Pero en estas situaciones, siempre hemos asistido a una predominante y manipuladora Melisandre, verdadera consejera en la sombra, capaz de canalizar este tipo de decisiones y juicios bajo su rojo manto. De asumir la responsabilidad bajo la desaprobación o indiferencia del heredero a su obsesión por conseguir el regio asiento de la Fortaleza Roja a cualquier precio. Stannis Baratheon, por motu proprio, sería incapaz de emitir una sentencia así. No es su forma de actuar. Repetimos, a riesgo de ser excesivamente reiterativos, que lo sucedido entre las nieves de su campamento no es coherente con el dibujo realizado por los escritores con anterioridad.

Nos encontramos ante una de las brechas más grandes e insondables en cuanto a la adaptación de HBO se refiere. Una brecha que divide algo más -y no de la manera ni en el cauce natural de este tipo de cambios y omisiones en la transformación del libro a la pantalla- a los seguidores y espectadores de un universo que hasta la fecha, había sido coherente con sus propias reglas y varas de medir. Coherente con su propia estructura interna como adaptación. No es necesario abrir debate sobre la legitimidad de la novela y la serie, ni comenzar la eterna pugna de siempre. No se trata de eso. Por si fuera poco, bien sabéis queridos lectores, que siempre se ha defendido a Juego de tronos como una adaptación loable y plausible, sobre todo en aquellos tramos delicados y complejos, desde la presente Atalaya de Poniente. ¡Incluso en los momentos en los que se dedicaba a adelantar y especular a lo escrito! Porque sí, Juego de tronos fue, es y seguirá siendo, un estupendo show de televisión. Pero situaciones como la analizada anteriormente, amargan y atormentan al más respetuoso de los espectadores y aficionados, lastrando en varios enteros la experiencia global.

Danza de dragones también es depositario, como episodio, de varios momentos dignos de mención y aplauso, completamente ajenos a la polémica suscitada por el sacrificio de Shireen Baratheon. Algunos, como advertíamos al comienzo de la entrada, muy importantes en términos absolutos para el imaginario del lector. Sobre la trama de Dorne, creo que a estas alturas, poco se puede apostillar. Nos hemos encontrado con situaciones disparatadas y estiradas hasta el paroxismo, con conversaciones poco dignas para unos personajes tan destacables como las Serpientes de Arena -que aquí, principalmente, se ponen a gastar minutos de reloj con un infantil calientamanos en sus celdas- o Doran MartellAlexander Sidding-, cuyo diálogo parece estar mejor encauzado -su confrontación con Ellaria Arena por fin parece tener sentido-, pero sigue siendo un actor carente de presencia en todos y cada uno de sus planos e intervenciones. El supuesto giro de los acontecimientos en la relación entre las casas Martell y Lannister -llevarse a Trystane como prometido de Myrcella y consejero de la corona a la capital del reino, Desembarco del Rey-, supone el fin apresurado y poco medido -casi obligado-, a un arco que no ha tenido tampoco el tratamiento oportuno en la quinta temporada.

ellariaarenaatalaya

En las antípodas, nos encontramos con tres puntales, que de una manera u otra, han ido salvando buenos minutos en pasados episodios, y que por supuesto, coronan este capítulo. El primero de ellos, es el efímero y frío recibimiento de los supervivientes de Casa Austera en su llegada al Muro. Son pocos segundos, pero vibrantes y cargados de simbolismo. Jon Nieve –Kit Harington– se considera derrotado, pese a haber salvado a gran parte de los salvajes que se congregaban allí. Es el momento de las consecuencias, y del balance, pues Jon y los suyos se han enfrentado al verdadero peligro. A la verdadera amenaza que se cierne sobre todos los seres que habitan en Poniente.

“Tienes un buen corazón, Jon Nieve. Que nos matará a todos”.

Alliser Thorne

De importancia nos parece recalcar el cruce de intensas y gélidas miradas de desaprobación entre cuervos juramentados ante la llegada en tropel de los refugiados salvajes a las estancias del Castillo Negro y el Agasajo. La tensión está alcanzando cuotas insostenibles en el bastión de la Guardia de la Noche, y con apenas dos indicios visuales -que se materializan físicamente en los desplantes de Olly y Alliser Thorne-, el espectador tiene en su poder todas las consecuencias de la arriesgada decisión y misión comandada por Jon.

jonsamatalayadanza

Al otro lado del Mar Angosto, Arya -Lanna, la vendedora de ostras y frutos del mar-, prosigue su formación como Hombre sin rostro. Pero el destino es caprichoso, y cuando se dirigía a arrebatarle la vida al hombre delgado con el don que crece y emana en el interior de la Casa de Negro y Blanco, Arya se encuentra con alguien del pasado en los muelles de la ciudad de Braavos. Ser Meryn Trant -Ian Beattie-, el Guardia Real contra el que clamó y juró venganza tiempo atrás, ha desembarcado junto a Mace Tyrell y la expedición de la corona enviada a renegociar la deuda real con el Banco de Hierro. Sus planes cambian en un momento, y decide actuar. Siguiendo a la comitiva por los canales y callejones de la anárquica y deliciosamente mediterránea -o adriática- Braavos, Arya se interna y llega hasta las mismísimas puertas del banco -y todo ello con la carretilla llena de mejillones y berberechos hasta los topes- sin ser detectada. Nadie ha reparado en ella, porque ella, no es nadie.

Tras una conversación en la que la alumna comienza a manipular al maestro -soberbia, por cierto-, Arya decide actuar por su cuenta y manera y sigue a los Lannister y a Ser Meryn a uno de los innumerables burdeles de la zona. El Guardia Real, una vez entra en el oscuro y cargado ambiente prostíbulo -bajo la atenta mirada de la pequeña Stark, que se esconde entre bambalinas-, demuestra ser un tipo lascivo y de comportamiento nauseabundo. Estos minutos, inspirados libremente en el capítulo de Mercy -que veremos en Vientos de Invierno y que nuestros amigos de Los Siete Reinos tradujeron en su día-, son oportunos y provechosos para comprender hasta qué punto Arya ha ido evolucionando como personaje. ¿Será capaz de usar sus propias armas de mujer para dar caza y abatir a su objetivo?

aryadanzadragonesatalaya

Pero Danza de dragones, guarda su clímax final con recelo para los últimos minutos del episodio. Meereen ha recibido con buenos ojos el matrimonio de Daenerys Targaryen y Hizdahr zo Loraq, apoyando la reapertura de los reñideros y arenas de combate.  La Gran Fosa de Daznak -grabada en la plaza de toros de Osuna-, sirve de estuario ante el complejo nudo meereense que llevábamos viendo a lo largo y ancho de la serie de televisión de HBO, conjugando -no sin cierta torpeza- varios de los ingredientes y piezas vistos en los capítulos anteriores. En el estrado real, y tras la inauguración oficial por parte de la Reina Dragón de los juegos, Daenerys, Tyrion, Hizdahr y Daario mantienen una grata conversación que, por un momento, podía habernos hecho recobrar la fe en la evidente yuxtaposición del Lannister y el Targaryen como robusto tándem monárquico a la hora del gobierno y la gestión de un lugar tan heterogéneo como Poniente. La mezcla de ambos en pantalla, hasta la fecha algo inédito en los libros, está siendo muy grata. Funciona.

“Siempre ha habido más que suficiente muerte en el mundo para mi gusto. Puedo sobrevivir sin ella en mi tiempo libre”.

Tyrion Lannister

En la arena del imponente coliseo, los gladiadores, soldados de fortuna y esclavos -aunque únicamente los hombres libres pueden luchar, ya sabemos de qué manera los grandes amos obtienen a sus trozos de carne con espadas-, prueban suerte en búsqueda de gloria, fama y reconocimiento. Daenerys no está especialmente cómoda ante la masacre perpetrada a escasos metros de su asiento, y lo intenta llevar con la pesada carga de solemnidad del monarca regente pero, cuando aparece Ser Jorah Mormont entre los participantes, su pétrea fachada de indiferencia se desploma sin poder controlarlo de ninguna de las maneras. Emilia Clarke no está especialmente mal durante esta temporada -ha conseguido exprimir algo más a su personaje-, pero siempre que Ser Jorah –Iain Glen– está en pantalla o comparte secuencias con ella, parece ganar en enjundia y matices. Nuestro querido Oso Mormont sigue buscando el favor y el perdón de su reina de plata, arriesgando su propia vida por tales menesteres. Si eso no es convicción o amor por una persona…

reñideroatalaya

El combate entre los soldados de fortuna en la arena está bien distribuido, siendo una de las mejores coreografías vistas hasta la fecha en la presente temporada -algo que no es decir mucho, pues todos hemos visto de qué manera parece haberse dilapidado parte de la frescura de estos combates realistas y vibrantes que nos mostraba la serie-, plagada de sangre, golpes y repliques de acero. Cuando el público asistente comienza a lanzar vítores y corear ante el sangriento espectáculo librado en el hercúleo foso de la ciudad de Meereen, Daenerys se ve obligada a actuar y afrontar el delicado momento del juicio. Un simple gesto suyo, puede significar la gloria y el perdón para Jorah, o la condenación más absoluta. Entonces, todo se desmorona.

Tras Daenerys, que parece estar segura y aislada en su palco, Jorah observa algo. Una sombra de dorada cornamenta parece emerger con la clara intención de dañar a la Targaryen. Mormont no duda, y arroja su lanza raudo y veloz. La jabalina recorre decenas de metros hasta impactar en su objetivo. ¡Los Hijos de la Arpía se encuentran escondidos entre el público! El caos se apodera del graderío con miles de antiguos esclavos, señores y amos corriendo desesperados entre los círculos y asientos del reñidero, buscando una salida antes de que las dagas vuelen. En el entarimado engalanado con los motivos Targaryen, Daenerys asiste a como su marido fallece de forma cruel y violenta, cayendo a sus pies ante el empuje de los Hijos de la Arpía. Esto supone un nuevo giro dentro del entramado de la adaptación de HBO, demostrándonos que al menos en la serie, Hizdahr zo Loraq no tiene ni voz ni voto entre los grandes amos  de las familias en Meereen. ¿A qué vino entonces toda la parafernalia de la boda? ¿Para qué incluir esta subtrama si no ha desembocado en ningún sitio? Una traición por parte de Hizdahr zo Loraq habría sido un recurso inteligente -como parecía leerse entre líneas en el subtexto del quinto libro de Canción de hielo y fuego-, pero parece que últimamente, dicha cualidad no abunda en los guiones de Juego de tronos.

jorahdanyreñideroatalaya

Jorah Mormont –Iain Glen– y Daario Naharis –Michiel Huisman– cubren las espaldas de la madre de dragones entre las amenazas que surgen de todas partes -la emboscada de Los Hijos de la Arpía es enorme, y a gran escala-, buscando una salida del reñidero con desesperación y ahínco. Jorah parece haber encontrado su redención definitiva a ojos de su venerada y amada Reina Dragón, y pese a que la vida de ambos está colgando de un raquítico hilo, comparten hasta algún momento dulce. Obligados a unir sus fuerzas y descender a una posición más ventajosa -no hay forma ni manera de salir del monumental coliseo, los insurgentes han bloqueado salidas y vomitorios-, Daenerys y sus Inmaculados, comienzan a levantar un perímetro de seguridad en la arena, en forma de laxa falange hoplita. La bacanal de sangre parece inminente, y sus soldados de élite parecen no ser suficientes para sacarla de allí sana y salva. Los personajes se encuentran acorralados ante una legión de enmascarados y encapuchados armados hasta los dientes. Dany parece consciente de lo concluyente de la situación para ella y todos a sus aliados, e intenta estar en comunión consigo misma y su inseparable Missandei antes del amargo final -no es la mejor forma de mostrarlo en pantalla-.

Y es cuando el sol se nubla. Un atávico y gutural grito sacude el pecho de todos los integrantes contienda. Atraído por el olor de la sangre y los innumerables cadáveres que yacen en el coso de la La Gran Fosa de Daznak, Drogon desciend en picado de de los cielos de Meereen envuelto en un anaranjado fulgor, al rescate y ayuda de su madre. La bestia, puro fuego hecho carne, lanza dentelladas e ígneas llamaradas a los asaltantes, sacudiéndose de las lanzas y estocadas desesperadas de los enemigos de la casa Targaryen. Los conjuradores y traidores acaban calcinados ante el hálito del dragón, demostrando que es una criatura incontrolable, de difícil dominio. Un animal sin amo ni dueño. El instinto primario del gigantesco animal es agresivo… Hasta que se topa cara a cara con Daenerys, volviéndonos a enseñar a los espectadores que vínculo que existe entre ambos es fuerte. Trasciende lo natural y lógico. Ya lo hemos visto en anteriores capítulos de la serie como Drogon sigue reconociendo a Daenerys Targaryen como madre y equivalente, algo que evidencia y reafirma el importante lazo y nexo de unión que existe entre jinete y montura -pero que a la postre parece no ser suficiente-.

El problema que nos encontramos al analizar la secuencia, es que no termina de moverse de forma ordenada hacia un punto final lógico, al menos hablando términos de desenlace. ¿Por qué se ha decidido eliminar la estructura -clásica y sencilla- de doma y monta de Daenerys en la novela por otra, más espectacular, pero más torpe en su conclusión y realización? Juego de tronos debería haber enfatizado el poder destructivo e indiferente del enorme dragón, aprovechando para presentarnos a una Daenerys Targaryen capaz de doblegarlo y domeñarlo bajo el impulso de su fusta y criterio. En Danza de dragones sucedía tal que así, siendo el vuelo y la fuga de Dany justificado por varios motivos de peso.

En la serie parece que Daenerys usa a su montura en forma de salida y excusa para abandonar a su suerte a sus amigos aliados en el reñidero mientras se interna alto en los cielos de Meereen, sin más mediación. No existe una danza. No existe un mortífero baile con el que doblegar a su voluntad al incandescente espíritu alado. Sí, entendemos que HBO ha querido realzar de manera mesiánica la figura de Dany -aquí entra en juego la obsesiva idealización del personaje por parte de Weiss y Benioff, que llega a sentirse burda en pantalla-, que una vez que se acerca a su morro y lomo, parece acabar aceptando de forma tácita su destino tomando las riendas de su importante papel como futura conquistadora de los Siete Reinos. O al menos, eso queremos creer. La resolución final sí es idéntica en ambos casos: Daenerys Targaryen y Drogon vuelan y desaparecen entre las nubes del cálido y tórrido horizonte de la capital de las pirámides ante la atónita mirada de enemigos y aliados.

drogondanyreñideroatalaya

A la hora de depurar responsabilidades, habría que destacar que el trabajo de David Nutter, director de Danza de dragones, es muy mejorable. La secuencia entera, que debería suponer un hito escénico absoluto dentro de la serie, se queda en una emboscada previsible y un combate descafeinado -por partes absurdo y algo delirante, como cuando los Hijos de la Arpía acuden de uno en uno al ataque y asedio en el centro de la arena-, relegando la aparición del, en teoría terrorífico Drogon, a la categoría de insulsa y mecánica.

No se vive ni transmite una tensión constante ni ambiental -como sí se consiguió en Casa Austera gracias a la dirección de Miguel Sapochnik-, y todo se construye en base a planos fijos, poco o nada inspirados. La factura técnica y audiovisual es notable –Drogon está vivo, jamás nos cansaremos de decirlo-, impecable a ratos, pero la sensación global es de oportunidad desaprovechada. Y es una verdadera lástima. Es una verdadera lástima porque los ingredientes estaban ahí, dispuestos sobre la mesa de trabajo y esperando a ser utilizados de la mejor manera posible. Ingredientes al alcance de unos guionistas, productores y directores más que capaces -como ya nos han enseñado y demostrado en ocasiones previas-. Danza de dragones podría haber trasladado a una audiencia general uno de los capítulos destacados y célebres de toda la Canción de hielo y fuego de George R.R. Martin, y lo cierto es que parece no haber calado todo lo suficiente en el imaginario del respetable. En cualquier caso, el tiempo dirá.

danydrogondanzadragonesatalaya

Juego de tronos no va a dejar de ser una grandiosa serie de la noche a la mañana por un tropiezo en su escritura o realización. Pero sí podríamos decir que sus guionistas y responsables están jugando con fuego, caminando por una exigua y estrecha línea que los inclinan constantemente hacia dos lados francamente opuestos. Dos medios de idéntico sabor y distinto continente. Pero actualmente, y a tenor de lo que hemos visto de temporada -a falta de un capítulo para su finalización-, tal y como ya comentamos en alguna que otra entrada anterior, parece que estamos ante una cada vez más arriesgada producción de desmesurados y nada recomendables contrastes. A día de hoy, Juego de tronos es capaz de ofrecer lo mejor… Y lo peor.

El problema de hacer cabriolas y espectaculares malabares con fuego -tomando juicios tan ardientes e injustificables-, es que se corre el riesgo de acabar quemándose. Algo que de una forma u otra, acaba perjudicando al lector y al espectador. Y creednos: en vista del material existente en las novelas de George R.R. Martin, hay veces en las que no es en absoluto necesario tomar ese tipo de decisiones tan controvertidas. Pese a que la injuria y la infamia acaecida en el capítulo es grave a varios niveles y estratos, y su oscura rémora no desaparecerá de la noche a la mañana, os traemos un pensamiento alentador en la despedida que os hará ver las cosas con perspectiva.

danydrogonatalayaponiente

Al fin y al cabo no deberían importarnos en exceso las llamas que continuamente parecen rodear, acosar e incinerar sin remisión a esos pasajes, personajes y hechos armados de tinta con los que disfrutamos y nos deleitamos en su día. El fuego, en la adaptación, crepitará siempre a su alrededor. No lo olvidéis. Es el trance al que todos accedimos cuando comenzamos a ver la versión de esta historia por parte de HBO. Es el sacrifico que tácitamente acordamos todos con Weiss y Benioff durante la génesis de Juego de tronos, allá en su primera temporada. En última estancia, con un simple movimiento solemne, siempre podemos alargar nuestra mano hacia la estantería y acudir a las páginas de la novela que nos encandiló y cautivó durante años. Las series van y vienen, pero los libros, permanecen.

Alberto González

Anuncios

Etiquetas: , , , , , , , ,

About albertoponiente

Twittadano del mundo. Cinéfago empedernido, escritor moderado. Colaborador y crítico en @vandalonline, @cinefiloes y @appleadictos

4 responses to “Desviadas y perversas llamas: impresiones de ‘Danza de dragones’”

  1. Ky says :

    Eh… siento que lo de Stannis os haya afectado tanto, pero 1) Stannis curo a su hija por culpabilidad, no por afecto, y 2) la quema de Shireen fue propuesta por el propio George. Me temo que habiais idealizado al personaje…

    • Bowey says :

      Disiento contigo, pero se cargan la personalidad de Stannis y me explico con un ejemplo. En las películas de el Capitán América o en Transformer con Optimus, te puede gustar la película/guion/historia o no, pero reconoces al personaje, porque sus ideales y su personalidad se plasman (de manera mejor o peor, pero se reconoce) en la pantalla. Aquí te cambian todo, absolutamente todo y dejas de ver a Stannis como un hombre ferreo que sigue a Melisandre pero no ciegamente, para de repente ser un pelele en sus manos y convirtiéndose en un bufón de la corte de R’hllor para sacrificar a su hija.

      Y aunque se adorne con bellas palabras se puede decir directamente que “lan cagao”.

  2. Gonzalo says :

    En mi opinión, el principal fallo de la parte de Meeren ha sido dejarlo todo para el final y darle sólo 10-12 minutos de capítulo a uno de los momentos más importantes de la temporada. Si el capítulo hubiese empezado con Daenerys dando comienzo a los juegos y luego haber ido alternando durante el capítulo la parte de Meeren (combates, conversaciones) con el resto de tramas (Jon, Arya, Dorne, Stannis), para dejar en los minutos finales la llegada de Drogon, hubiese quedado bastante mejor.

    Dorne sigue siendo decepcionante, las Serpientes de Arena han sido un bluf auténtico, quizás el mejor personaje ha sido Areo Hotah y con eso se dice todo… Doran también me ha gustado para lo poco que ha salido, un hombre cansado de guerras y que no quiere líos, tal y como se nos presentaba en los libros.

  3. Kesho says :

    Aun cuando el sacrificio tiene su lógica y era predecible (en el adelanto se ve el deshielo como consecuencia) el que Stannis lo haya mandado es una mentada, tal parece que no quieren que nadie le dispute a Daenerys la supremacia moral para reclamar el trono. Es la primera decisión de la HBO que es indefendible y su pretexto de que fue idea de Martín es buscar un chivo expiatorio. ¿Que les costaba una puñalada trapera de la psico bruja roja para matarla, por qué cargarse a Stannis?
    En cuanto a ala resolución en la arena de Merecen me parece una razón mas prosaica: creo que no tienen los recursos técnicos y monetarios para presentar a Dan y domando al dragón, digo espero que haya sido eso y ahora temo por las futuras secuencias de los dragones en la gran guerra que se avecina, a ver que sale.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: