Decisiones comprometidas y una enigmática dualidad: impresiones sobre ‘La casa de Negro y Blanco’

11103015_1030881253596188_5119090223944761320_o Tras un comienzo decididamente arrebatador, Juego de tronos prosigue su marcha con La casa de Negro y Blanco, un segundo capítulo menos impactante y pulido que el anterior -y eso que el episodio de apertura de la serie de HBO no era para nada efectista o espectacular en términos televisivos-, pero igualmente funcional. La casa de Negro y Blanco presenta en su estructura nuevos retos y desafíos y aborda y revive otros otrora olvidados. Os traemos una entrada especial -¡no os malacostumbréis!- explicando y detallando algunos de sus puntos más interesantes. ¡Spoilers!

Si hay algo que caracteriza a Juego de tronos y su quinta temporada, es su madurez. HBO tiene entre manos una ficción televisiva compleja, llena de dobleces y aristas a interpretar y discernir por parte del espectador, pero siempre ha buscado un equilibrio de cara a la fácil digestión del respetable que haga el producto más ágil o fácil; que lo haga más apto para el consumo masivo. No es que nos lo den todo mascado, pero en la mayoría de las veces sus creadores, guionistas y directores, sí intentan ofrecérnoslo todo muy pasado o licuado previamente por la batidora. En esta nueva tanda de episodios, parece que se ha tomado la decisión de intentar arrojar una nueva capa de sedimentos para la historia -para el lector de Canción de hielo y fuego, hay ciertas líneas y arcos argumentales que pueden llegar a suponer todo un nuevo humus a nivel de trasfondo sobre el que cimentar y respaldar eventos, teorías y corazonadas a posteriori-, que sirve para intentar trascender dramáticamente y calar más hondo en el espectador sin necesidad de forzar máquinas. ¿Cómo? Nos explicamos. atalayaponientecerseiquintadorne Durante algunos tramos de temporadas anteriores, Juego de tronos daba la impresión de ser una serie con una obsesiva capacidad por resolver episodios de transición y preparar al espectador de cara a una presumible y previsible traca final en los últimos dos o tres episodios. Weiss y Benioff, al adaptar los últimos tramos y hechos de Tormenta de espadas así como al tomarse Festín de cuervos y Danza de dragones como un único libro -decisión acertada la de usar una cronología lineal en lugar de andar dando saltos de aquí para allá- cambiaron dicha estructura en la serie. La decisión consiguió que viéramos episodios con más momentos impactantes, mejor diseminados y estructurados en la narración -con La rosa y el león segundo episodio de la cuarta temporada ilustra muy bien como ejemplo a lo dicho- sin tener que esperar a los famosos “capítulos nueve”, ejes del impacto y el cliffhanger más recurrente. Todavía queda mucho para deliberar y afianzar con rotundidad sobre la quinta temporada de Juego de tronos pero sí apreciamos como ese tono, esa citada madurez, comienza a impregnar por doquier diálogos, hechos y personajes. Todo, absolutamente todo, tiene más lecturas y profundidad. Todo en la serie disfruta de un renovado cariz dramático. Juego de tronos no es ningún manual perfecto de política, ni un panfleto filosófico provisto de insondables lecciones con las que vivir día a día, pero ha dejado de ser permisiva y condescendiente con todos nosotros en algunos aspectos de la adaptación. Y el espectador, aquel espectador que disfruta más con lo que no se dice que con aquello que se ve de forma explícita en pantalla o en boca de los protagonistas -¡vade retro, guionista aficionado al recurrente diálogo y al artificial discurso explicativo!-, lo agradece. Pero desgraciadamente a la vez, e intercalados con estos puntos de solapada profundidad, La casa de Negro y Blanco tiene algunos momentos un poco vergonzantes que echan a perder un poco el tono del episodio -pero nada preocupante-. casanegroblancojuegotronosatalaya La casa de Negro y Blanco abre con uno de los pasajes que a buen seguro, consiguen todavía erizar el pelo a más de un lector que vuelva a las páginas Canción de hielo y fuego: la llegada de Arya Stark –Maisie Williams– a Braavos. La secuencia en la que el barco de Ternesio Terys abriéndose paso bajo las gargantuescas piernas del Titán de Braavos*, es casi exacta a la recogida y escrita por George R.R. Martin. El equipo artístico y de efectos visuales de Juego de tronos vuelve a anotarse uno de esos tantos conceptuales que tanto aman los aficionados a la saga literaria de Martin: es exactamente como muchos nos lo imaginábamos. La entrada de la embarcación y su travesía hasta el puerto de Braavos, es excelente. Sirve de introducción para comprender un poco el día a día y el ambiente de la ciudad de los canales, en la cual una jauría de pescadores, comerciantes, putas, borrachos y marineros, vagan de un muelle a otro. Todo parece relativamente convencional en la urbe de los canales –Braavos es una ciudad costera mediterránea llevada hasta casi el paroxismo-, hasta que Ternesio Terys lleva a la pequeña loba de los Stark a la casa del Negro y Blanco. Enigmático, colosal y monolítico, en Juego de tronos el templo de los hombres sin rostro, se encuentra aislado y algo apartado de la ajetreada ciudad. Su puerta de ébano y madera de arciano, le proporciona una visibilidad y un contraste especial distinto a cualquier otra construcción vista en la serie. Es única. Igual de poderosa -a nivel visual- es la fatídica espera tras la desilusión y la total pérdida de esperanza de Arya Stark al ver que, tras su largo viaje, nadie le espera ni le deja pasar. No hay nada más dramático que la pérdida de la fe una vez acometido el último paso, pero la Stark no ceja en su empeño así como así. No estando tan cerca. Estos segundos del episodio son maravillosos. aryacasablanconegroatalaya Todo acaba con la moneda que le entregó Jaqen H’ghar en el fondo del mar. El hombre bondadoso que vemos en la serie no transmite buenas sensaciones ni una confianza instantánea -tiene un aspecto decididamente extraño-, pero casa a la perfección con lo exótico de la ambientación y el templo en la adaptación. Todo parece acabar mal, con la joven huargo siendo asaltada por un grupo de peligrosos y nada recomendables descuideros mientras iba deambulando por los canales y calles intentando sobrevivir cazando palomas. Tras un intercambio de palabras, que acaban con Arya desenvainando rápidamente a Aguja. Tras asistir a la muestra de valentía y soltura de Arya Stark El hombre bondadoso decide que es el momento y la guía de nuevo al templo, devolviéndole su moneda. Allí, tachán, cambia su rostro por el de Jaqen H’ghar, hombre por el que la futura gata de los canales había decido aventurarse a través del mar Angosto. Arya pasará a convertirse… En nadie.

La casa de Negro y Blanco constata aquellos grandes elementos que parece que servirán de columna vertebral para gran parte de la temporada y que a la vez, suponen ejes algo polémicos. Uno de ellos, es el concerniente a la trama de Dorne y al viaje inesperado de Jaime Lannister y Ser Bronn del Aguasnegras -inesperado en parte, porque las filtraciones, los trailers y el rodaje en Sevilla ya nos lo había dejado claro-, que viajarán hasta el reino más sureño de Poniente en una estrafalaria misión de rescate de la pequeña -ya no tanto- Myrcella Baratheon. La excusa, en cambio, parece verosímil: todo se organiza en la mente de una asustada Cersei -“De oro serán sus coronas, de oro sus mortajas”-. Tras la amenaza dorniense,  Jaime Lannister mantiene una acalorada discusión -en la que ella, prácticamente lo maneja y manipula para que acceda a ir hasta Dorne en pos de salvar a su hija-, que acaba con el Guardia Real capitulando y aceptando la peligrosa misión. De hecho, las secuencias en las que Lena Headey empieza a actuar y desmelenarse como reina regente en Desembarco del Rey -¿hay mejor forma de ejemplificarlo todo que en una reunión del consejo en las estancias de la Mano del Rey?-, encandilan a cualquiera que haya disfrutado con sus capítulos en los dos últimos libros de la saga. Pero centrándonos en el otro aspecto negativo del episodio, creemos que huelga decir que se trata el devaneo y titubeo con respecto a Brienne, Podrick y su incesante e inquebrantable búsqueda de las hijas de Catelyn Stark. Pero sigamos hablando de Dorne. ellariaarenadorneatalaya Todavía no hemos visto demasiado al respecto, pero todo viene propiciado por las amenazas de una impetuosa Ellaria Arena –Indira Varma-, que tras la pérdida de Oberyn Martell, parece haber entrado en cólera. Ellaria Arena, que parecía lo suficientemente inteligente como para no cometer ninguna locura en Festín de cuervos -cuarta novela de Canción de hielo y fuego– en la serie, parece haber adoptado el rol de la impetuosa, aunque inteligente y fiel participante al juego de tronos, Arianne Martell -hija y heredera de la familia Martell, eliminada de la adaptación- llevada por la ira. Pero su actitud es tan agresiva tras la muerte de su esposo, que está obsesionada con dañar a Myrcella y buscar venganza contra los Lannister -un gesto propio de Obara Arena, una de las famosas Serpientes de Arena, hijas bastardas de Oberyn Martell-. Esta fusión de personalidades -tan propia de Weiss y Benioff como guionistas- puede chocar al principio, pero a simple vista encaja con los inherentes mecanismos de la historia para todo el clan Martell y sus allegados. El problema radica en que aunque es toda una efervescencia dramática ideal para la serie -los personajes iracundos gustan muchísimo-, funcionando como antítesis a la pasividad de Doran Martell, no transmite absolutamente nada. El Príncipe de Dorne, Doran Martell -papel interpretado por Alexander Sidding-, el que en teoría debería ser el contrapunto a la demasiado crispada Ellaria Arena en la serie, tampoco ha conseguido tomar las riendas de su complejo personaje teniendo una primera aparición descafeinada y distante de los estándares de calidad habituales en Juego de tronos. Doranatalayaponientet5 HBO parece haber desperdiciado una oportunidad absoluta de presentar por todo lo alto el templado -y calculador- carácter del afectado por gota Príncipe de Dorne. En el episodio cuenta con apenas dos o tres frases demasiado frías, carentes de peso, con poca o ninguna fuerza en el intercambio de acusaciones y palabras con Ellaria. No existe ningún gesto, ningún motivo de peso para creer que Doran, pese a su enfermedad y sus dolencias, sigue siendo el faro en el que Dorne y la familia Martell se mira esperando a recibir guía. Doran Martell debería tener una autoridad absoluta, pese a estar postrado en su silla sin poder moverse. Tendría que desprender presencia sin parpadear o mover ni un músculo. No es algo fácil de interpretar o trasladar a la pantalla, Pero os ponemos un ejemplo: el papel de Edward Norton como Balduino IV en El reino de los cielosEdward Norton, tras una máscara de plata y aparatosos vendajes y cataplasmas de diversa índole, conseguía transmitir poder a través de un personaje físicamente débil y demacrado. Alexander Sidding -que también aparecía en la película de Ridley Scott, junto a varios miembros del reparto de Juego de tronos-, no ha sido capaz, al menos de momento, de transmitir las mismas sensaciones. Por el contrario, el hierático y colosal Areo Hotah, guardaespaldas de Doran Martell -y quizás su único confidente-, perfecto. Más convincente y mucho más espectacular es la utilización de los Reales Alcázares de Sevilla. No se alcanza a comprender la importancia de una localización de exteriores correcta, hasta que se ve en funcionamiento. Los Jardines del Agua, tan importantes en Dorne, no podrían tener mejor representación física. Las secuencias rodadas en España han merecido -y mucho- la pena. La capital andaluza ya forma parte de ese díptico indivisible que se repite una y otra vez sin cesar cuando hablamos de capitales o países en las que se ha rodado Juego de tronos: Dubrovnik (Croacia) es Desembarco del Rey y Sevilla (España) es Dorne. Sin el menor género de dudas. atalayabrienntartht5 El camino de Brienne de Tarth y Podrick, tiene visas de ser uno de los más disparatados de la serie. Desde el primer momento en el que Jaime Lannister le volvió a encomendar su misión de salvar y proteger a las hijas de Catelyn Stark una vez llegaron a Desembarco del Rey, la moza ha estado deambulando sin dirección ni sentido en su desesperada búsqueda. Sí, nos ha regalado momentos impagables y ambos, Gwendoline Christie y Daniel Portman, se han convertido en una suerte de dúo quijotesco muy cómico que funciona y cuaja en pantalla. Pero de una manera u otra, como si Weiss y Benioff no terminaran de encontrarles su sitio, acaban protagonizando secuencias y momentos que parecen fruto de la casualidad más absurda. La secuencia y el encuentro fortuito de Brienne con Sansa Stark y Petyr Baelish en la taberna es un disparate de principio a fin, por mucho que Michael Slovis -que vuelve a tomar las riendas del episodio- nos regale una persecución a caballo espectacular en el clímax de la misma -y un intercambio de golpes con Guardajuramentos partiendo espadas como si de gachas de tratasen-. ¿Por qué no potenciar la búsqueda de Brienne y Podrick con un viaje en solitario? ¿Tan poco interesante se considera a Brienne de Tarth -que tiene algunos de los capítulos más buenos y lúcidos de toda Canción de hielo y fuego– que hay que repetir una escena que parece un calco en estructura y desenlace al visto en el final de la cuarta temporada? Sea como sea, Brienne y Podrick se encaminan tras la pista de Petyr y Sansa, rumbo al Norte de Poniente. jonnieveatalayaponiente5 Pero no todo en La casa de Negro y Blanco, tiene aspectos o connotaciones negativas. De hecho, el episodio tiene algunos momentos ciertamente brillantes, sobre todo -más allá de los nombrados en Braavos- en las partes centradas en el Muro y Meereen. Incluso los diálogos de Varys y Tyrion vuelven a ser excelentes -que siguen en su camino hacia Volantis, pero sin rodar por carreteras valyrias, algo que desilusionará a más de uno- vuelven a rayar un asombroso nivel, capaces de mantener la atención de cualquiera que disfrute de ambos personajes. El enano y la araña se mantienen en constante liza dialéctica en su cómoda caravana, a través de afiladas acusaciones y reproches, y no menos sibilinas respuestas. Todas ellas espetadas con -como ya advertí en las impresiones del pasado episodio- la mayor y más refinada de las químicas interpretativas imaginables.

Puede que sea joven, pero él es el Comandante que nos lideró cuando la noche era más oscura. Samwell Tarly, sobre Jon Nieve

En el Muro, nos encontramos con el famoso ofrecimiento de título y tierras Stannis Baratheon a Jon Nieve, pues si lo ayuda en su campaña militar del Norte, obtendrá lo que siempre ha ansiado: reconocimiento. Si accediese, su estigma de bastardo, acabaría de un plumazo. La conversación es ágil, debidamente bien escrita, y tiene algún que otro guiño para los lectores -la misiva procedente de la isla de los Mormont es digno de aplauso-. Menos acertada -pero igualmente funcional en términos narrativos y televisivos- es la rápida resolución de las elecciones a Lord Comandante de la Guardia de la Noche. Todos sabemos como Samwell Tarly conspiró, medró y manipuló a unos y a otros para llevar a su amigo Jon Nieve a la capitanía del cuerpo de los cuervos en las novelas, algo que nos regaló algunos de los diálogos más divertidos de toda la saga. Juego de tronos ha decidido tomar la vía rápida en estas lindes -creemos que no había necesidad alguna- mostrándonos unos pocos alegatos -el comentario de Sam sobre Janos Slynt reconocemos que ha sido poco menos que brillante-, unos cuantos votos y un resultado más efectista para los habitantes del Castillo Negro. Repetimos, funcional, pero poco lustrosa y demasiado olvidable. daenerysatalaya Centrémonos ahora en Meereen y seremos claros, pese a que lo que vamos a decir no es plato de buen gusto para muchos: la historia de Daenerys Targaryen en la serie estaba siendo excesivamente idealizada. Tanto, que incluso los espectadores y aficionados estaban ya considerándola un modelo político a seguir. La heredera dragón sigue siendo un pilar admirable y estoico al que acudir y mirar, con ideas sobre el cambio y la justicia esperanzadoras en tiempos convulsos y difíciles, pero ya no es todo tan fácil ni sencillo. No todo es bueno y malo, o blanco y negro -algo paradójico teniendo en cuenta el título del episodio- en la bahía de los esclavos. La revolución de Los Hijos de la Arpía está vertiendo de sangre las calles de Meereen, y los sirvientes, ahora libertos, desean y claman venganza a la belleza de plata. Daenerys comienza a darse cuenta -quizás demasiado tarde- que no pertenece a este sitio. Que no goza de la simpatía del pueblo, que la considera más una libertadora que una gobernante. Tras la imposibilidad de llevar paz y tranquilidad a la colosal ciudad de las pirámides, Daenerys se siente una forastera en tierra extraña. drogonseason5atalaya Quizás sea la trama mejor tratada -junto a la del Muro- del capítulo, añadiendo un nuevo cazo cargado de agua hirviendo e inestabilidad a la ya de por sí delicada situación política y social existente en la ciudad de las pirámides, empujando la posición de Daenerys a un extremo insostenible para ella. Sus ideales, se tambalean. Su visión del mundo y el cambio, se derrumba. Debe ejercer justicia, pero no llevada por el odio y la venganza. El diálogo con Barristan Selmy sobre el poder y las erróneas decisiones cometidas por la dinastía Targaryen durante el reinado de Aerys II, padre de Daenerys Targaryen, la clave. El ajusticiamiento público -como si de una revolución francesa tiznada de fantasía y escamas de dragón se tratase-, obviamente, termina mal. Los ahora libertos comienzan a ver a Daenerys como una madre que les ha fallado y vendido por una falsa búsqueda del favor de las grandes familias de Meereen, y las revueltas entre los ciudadanos, estallan entre una lluvia de piedras y golpes. El capítulo termina de una forma tan alegórica, como inteligente. Con el vuelo nocturno de un reaparecido -y cada vez más grande- Drogon. Al fin y al cabo, Daenerys desearía elevarse hasta lo más alto del cielo y desaparecer agarrada junto a él, alejándose a cientos de millas de distancia de todos sus problemas y tribulaciones. Alberto González

*Sí, el Titán de Braavos ya aparecía en el sexto episodio de la pasada temporada, Las leyes de dioses y hombres, pero la escena recogida en el presente capítulo goza de un mayor impacto, sobre todo para el lector.

Anuncios

Etiquetas: , , , , , ,

About albertoponiente

Twittadano del mundo. Cinéfago empedernido, escritor moderado. Colaborador y crítico en @vandalonline, @cinefiloes y @appleadictos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: